Capturas de planta que explican cada solución
Estas imágenes no son renders de catálogo. Salen de celdas de ensamblaje, tableros y puestos de trabajo reales donde ya probamos la integración. Sirven para ver qué se mira cuando se decide automatizar una línea que ya está en marcha.
El sensor va montado entre el husillo y la boca de la herramienta, no sobre el motor. Así se evita el ruido mecánico del reductor y la lectura refleja lo que realmente recibe el tornillo. En líneas que ya trabajan con torquímetro manual, el cambio se hace por estación y sin rehacer el layout completo.
La pantalla muestra el programa corriendo sobre un entorno compatible con IEC 61131-3. La idea es que el técnico de mantenimiento pueda abrir el bloque, revisar una variable y volver a compilar sin llamar a un integrador externo. Los respaldos quedan en el mismo equipo, no en la nube de un proveedor.
El brazo comparte espacio con la persona que carga las cajas. No hay reja: hay escáner de zona, velocidad reducida y parada por contacto. En talleres chicos del conurbano esto funciona mejor que un cerramiento completo, porque el operario sigue viendo la pieza y corrige sobre la marcha.
Antes de cotizar cualquier integración se levanta el ciclo real: tiempos por estación, paradas no planificadas, repuestos disponibles y formación del personal. Ese relevamiento suele definir más el alcance que el presupuesto. Sin ese paso, la automatización termina resolviendo un problema que la planta no tenía.